Baltasar Garzón denuncia un «festín caníbal» en la Justicia y reclama reformar el Tribunal Supremo: «El poder judicial tiene que rendir cuentas»

Entrevista en Hora 25 de la Cadena SER____

El exmagistrado asegura en ‘Hora 25’ que el corporativismo judicial fue el mayor obstáculo de su carrera, critica algunas resoluciones recientes contra cargos públicos y reivindica la memoria democrática y la defensa de los derechos humanos como ejes de su trayectoria

El exjuez Baltasar Garzón ha realizado una de las reflexiones más extensas y personales de los últimos años sobre la Justicia española. En una entrevista con Pablo Tallón en Hora 25, en la sección A qué suena la vida, el exmagistrado ha vuelto a la banda sonora de su infancia, su carrera judicial y su vida personal con una dura crítica al funcionamiento de algunas de las más altas instancias judiciales del país.

Garzón sostiene que el principal problema de la Justicia española no reside únicamente en las presiones externas, sino en la ausencia de mecanismos de control internos. «El poder judicial tiene que rendir cuentas», ha afirmado durante la conversación, en la que también ha defendido la memoria democrática, ha cuestionado algunas resoluciones recientes como las del Procés o el hermano de Pedro Sánchez y ha reivindicado su compromiso con los derechos humanos.

Del campo jienense a la Audiencia Nacional

La entrevista ha comenzado lejos de los tribunales. Garzón elige Soy minero, de Antonio Molina, para explicar sus orígenes en Torres y Linares, en una familia trabajadora marcada por el esfuerzo y por las consecuencias de la dictadura franquista. Recuerda a su padre, agricultor y músico aficionado, y a su tío Gabriel, antiguo comisario político del Ejército republicano, perseguido durante décadas tras la Guerra Civil.

Aquellas conversaciones familiares, muchas veces con puertas y ventanas cerradas por miedo, fueron moldeando una conciencia crítica que, según reconoce, pudo influir en su futura vocación. «Mis padres y mi tío me transmitieron la coherencia de respetar siempre la legalidad y defender las convicciones», explica al recordar la represión sufrida por su familia durante el franquismo.

Garzón también ha sorprendido a Pablo Tallón al relatar que, antes de decidir estudiar Derecho, quiso ser sacerdote y pasó seis años en el seminario. Allí adquirió, asegura, una disciplina de estudio que le acompañaría durante toda su vida, aunque terminó alejándose de la religión para abrazar la filosofía y el pensamiento estoico. «Hoy creo sobre todo en la razón y en la filosofía», resume.

Trabajar de noche para estudiar

El exmagistrado ha explicado las dificultades económicas que marcaron sus años universitarios. Trabajó como albañil, camarero y, durante buena parte de la carrera, en una gasolinera realizando siempre el turno de noche para evitar que su padre tuviera que hacerlo. Después acudía directamente a la Universidad de Sevilla.

Aquel ritmo de trabajo y estudio le permitió afrontar una de las oposiciones más exigentes de la Administración. Recordó que llegó a memorizar cientos de temas y defendió la importancia del esfuerzo y la responsabilidad como pilares de su formación, llegando a estudiar 18 horas al día.

«Lo más difícil fue enfrentarme a mis propios compañeros»

Tras repasar su llegada a la Audiencia Nacional y su decisión de combatir el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado inspirado por los jueces italianos Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, Garzón responde a una de las preguntas centrales de la entrevista: qué había resultado más difícil durante su carrera.

Su respuesta es tajante. «Más difícil es cuando te enfrentas a tus propios compañeros», afirma antes de señalar directamente al corporativismo judicial. Según explica, ese funcionamiento interno fue el que terminó provocando su suspensión y, posteriormente, su expulsión de la carrera judicial.

Garzón defiende que España necesita introducir una segunda instancia para revisar las decisiones del Tribunal Supremo en determinados procedimientos y recordó que organismos internacionales, como el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, llevan años reclamándolo.

A su juicio, el Supremo concentra «el órgano con más poder político que existe en España» porque puede adoptar decisiones sin mecanismos efectivos de revisión. «Tiene que haber contrapesos y rendición de cuentas», insistió.

Críticas a resoluciones recientes

Entre canción y canción, Garzón ha sido especialmente crítico con algunas resoluciones judiciales recientes. Sin citar únicamente un caso concreto, cuestionó procedimientos relacionados con el fiscal general del Estado, el procés, Podemos, Mónica Oltra o la investigación que afecta a David Sánchez, el hermano del Presidente del gobierno.

Según explica, en algunas sentencias aprecia una utilización insuficiente de los indicios y una construcción de los razonamientos que, en su opinión, evidencia una conclusión buscada de antemano. «Hay veces que parece que primero se elige a la persona y después se colocan los argumentos», afirma.

El exjuez aseguró que estas prácticas deterioran la confianza ciudadana en la Justicia y alimentan fenómenos que analiza en su último libro, La democracia amenazada: Cuando el fascismo ataca la convivencia, donde reflexiona sobre el lawfare, la corrupción, la polarización política y el papel de determinados sectores judiciales y mediáticos.

La memoria, Lorca y los derechos humanos

Más allá de la política y los tribunales, Garzón deja entrever una faceta mucho más personal. Confesó que escribe poesía desde hace años, aunque nunca se ha atrevido a publicarla por pudor, y ha hablado sobre su amistad con Enrique Morente y Joan Manuel Serrat.

La figura de Federico García Lorca ha aparecido de forma recurrente en la conversación, vinculada tanto a su pasión por la poesía como a la investigación que abrió en 2008 sobre los crímenes del franquismo, una causa que terminó desencadenando el proceso judicial que acabó apartándolo de la carrera. «A veces hay que predicar con el ejemplo», sostiene al explicar por qué decidió asumir aquella investigación.

«Hay que seguir pisando charcos»

A punto de cumplir 71 años, Garzón aseguró que el paso del tiempo pesa físicamente, pero no ha debilitado sus convicciones. Reivindicó el servicio público y la defensa de los derechos humanos como el hilo conductor de toda su trayectoria profesional y advirtió del momento «crítico» que atraviesan las democracias occidentales.

Rememora una frase que le dijo en su día Felipe González: «Has pisado muchos charcos». Lejos de arrepentirse, responde que algunas veces es necesario hacerlo. «Hay que seguir peleando y seguir pisando charcos», concluyó antes de despedirse de Pablo Tallón, reivindicando la necesidad de seguir defendiendo los derechos humanos frente a quienes, a su juicio, amenazan los fundamentos del Estado de derecho.